sábado, 19 de diciembre de 2009

Un mensaje de Navidad de Charles Brown

“Recordemos que lo material es transitorio, en cambio todo lo que crece en nuestro interior día a día...
en nuestro corazón es para siempre..."

"Recordemos que Jesucristo, quien dio origen a la Navidad, debe ser nuestro motivo para vivir
los valores familiares de la fraternidad y unidad."



Francamente es muy bonito el mensaje. Frases como éstas, es común leerlas en estos días, producto del mentado "espíritu Navideño". De hecho, las que nos ocupan y dan inicio a esta entrada, están extractadas de un mensaje que me llegó por correo electrónico con motivo de la próxima Navidad.
El dato interesante en éstas, sin embargo, es que no es cierto que el origen de la Navidad sea Jesús Cristo y su hipotético nacimiento. Éste es un sentido posterior, dado a la celebración a partir del Concilio de Nicea, en el año 325dC, cuando el Cristianismo se impuso como religión de estado, en épocas en que el Imperio Romano dominaba cultural y materialmente vastas extensiones de Planeta.

El origen de la Navidad, está en las fiestas Saturnales, en honor de Saturno, divinidad agrícola protectora de sembrados y garante de cosechas, con las que los Romanos, celebraban el solsticio de invierno, cuando el Imperio era uno solo, y un Panteón de Dioses dominaba la creencia oficialmente impuesta a sus ciudadanos. En el año 274 el emperador Aureliano, preocupado por el sincretismo religioso, introdujo el culto siríaco del Sol Invicto, cuyo natalicio se celebraba el 25 de diciembre, cuando el sol, superado el solsticio, recobra su poderío de luz en los días. En él reconocieron casi todas las sectas a su suprema divinidad, especialmente los muchos seguidores de Mitra. La turba de dioses, propios y extraños, que había hallado acogida en Roma acabaría reduciéndose a este «Sol Señor del Imperio Romano». Esta suerte de monoteísmo solar, cuyo culto había estado precedido por las fiestas en honor de Saturno, allanó el camino al Cristianismo para establecer (por oposición al paganismo) la fecha del natalicio de Jesucristo.

Más interesante aún, es que en las Saturnales se borraban las diferencias sociales. En estas fiestas, se hablaba de un sentimiento de hermandad entre los hombres, incluso entre amos y esclavos, quienes por un par de días, intercambiaban su condición. Los romanos intercambiaban regalos y visitaban a amigos y familiares. Eran fiestas de excepcional permisividad. Durante estas jornadas los esclavos vestían las ropas de sus señores, quienes les servían en la mesa, mientras ellos despotricaban contra sus dueños sin temor a castigo alguno. Esta inversión de la jerarquía social ha quedado reflejada en la imagen que adorna el mes de diciembre en el calendario litúrgico (ca. 354) de Furio Dionisio Filocalo, donde se aprecian, como motivos evocadores, unos dados en la mesa y una inscripción marginal que reza: «Ahora, esclavo, se te permite jugar con tu señor».
Este dato, nos habla de que tampoco el origen del sentido social de la Navidad es una impronta del Cristianismo, sino que también está originada en las Saturnales.

Así que para comenzar a disfrutar de las próximas Saturnales como es debido, ahora que han devenido en dionisíacos encuentros con la familia y los amigos, antes de la pantagruélica velada vamos a ponerle un poco de sentimiento. No uno comprado en las grades tiendas, en esta fiesta explosiva del consumo, pletórica de frases vacuas, de emotividad impostada. Uno poderoso, que salga del propio cuore.

El icónico cantante de blues, Charles Brown, nació en Texas en 1922, se licenció en química, pero la guerra y la depresión económica lo llevó por el camino de la música, y econtró en el piano, pero sobre todo en su voz, el instrumento adecuado. Miembro de una familia musical, aprendió de su abuelo a los pocos años, las reglas básicas del blues, swing y el boggie al piano. Fue uno de los grandes innovadores del blues urbano de posguerra, uno de los creadores del blues de la costa oeste. Actuó en el Lincoln Theatre y en el Chicken Shack de Ivie Anderson antes de crear con el contrabajista Eddie Williams y el guitarrista Johnny Moore, el trío "The Three Blazers". Su modelo era el trío de Nat King Cole. Creó un nuevo estilo de blues, muy sofisticado para la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, con un sonido muy meloso y con muchos toques de jazz. Charles Brown se convirtió en el cantante más representativo del blues más sutil. Tuvo varios éxitos, entre ellas "Drifting Blues" y "Merry Christmas Baby".



En la década de 1980, Bonnie Raitt marcó el inicio del retorno de Charles Brown a los primero planos en una gira.
Su "Por favor, regresa a casa para Navidad", un éxito en 1960 en el King Records sigue siendo aún popular.



Hoy los discos de blues y de jazz de Charles Brown son un autentica joya.

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