miércoles, 30 de mayo de 2012

Cuando la verdad y la realidad se interpelan

Pero el periodismo, a la vez como lo saben muy bien todos los que están aquí no es un partido político ni un fiscal de la república. En ciertas épocas de crisis, cuando las instituciones se corrompen o se derrumban, los lectores suelen asignar esas funciones a la prensa sólo para no perder todas las brújulas. Ceder a cualquier tentación paternalista puede ser fatal, sin embargo. El periodista no es un policía ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo: acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo. Su poder moral reside, justamente, en que se sitúa a distancia de los hechos mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos.

Responder a ese desafío entraña una enorme responsabilidad. Ningún periodista podría cumplir de veras con esa misión si cada vez, ante la pantalla en blanco de su computadora, no se repitiera: "Lo que escribo es lo que soy, y si no soy fiel a mí mismo no puedo ser fiel a quienes me lean". Sólo de esa fidelidad nace la verdad. Y de la verdad, como lo sabemos todos los que estamos aquí, nacen los riesgos de esta profesión, que es la más noble del mundo.

Un periodista no es un novelista, aunque debería tener el mismo talento y la misma gracia para contar de los novelistas mejores. Un buen reportaje tampoco es una rama de la literatura, aunque debería tener la misma intensidad de lenguaje y la misma capacidad de seducción de los grandes textos literarios. Y, para ir más lejos aún y ser más claro de lo que creo haber sido, un buen periódico no debería estar lleno de grandes reportajes bien escritos, porque eso condenaría a sus lectores a la saturación y al empalagamiento. Pero si los lectores no encuentran todos los días, en los periódicos que leen, un reportaje, un solo reportaje, que los hipnotice tanto como para que lleguen tarde a sus trabajos o como para que se les queme el pan en la tostadora del desayuno, entonces no tendrán por qué echarle la culpa a la televisión o al internet de sus eventuales fracasos, sino a su propia falta de fe en la inteligencia de sus lectores.


Periodismo y Narración: desafíos para el siglo XXI. Conferencia pronunciada por Tomás Eloy Martínez, ante la asamblea de la SIP el 26 de octubre de 1997, en Guadalajara, México.


Dijo Marguerite Yourcenar que "la moral es una convención privada; la decencia, una cuestión pública", y parece ser un buen resumen para enmarcar el periodismo que entiendo deseable se imponga ante tanta confusión. Hay una tendencia a creer que el periodismo responde a intereses, porque es lo que sucede efectivamente en la realidad. Se ha generalizado la convicción en una amplio espectro de periodistas de que es su obligación moral no ser ingenuos, no ser funcionales. Entonces es enorme la lista de periodistas que entienden que son parte de una lucha entre David y Goliat, entre débiles y deviles.
Pero esa es sólo una forma de entenderlo. Manera que entiendo equivocada, y peligrosa. El periodismo no se reduce a la crítica, o a la interpelación: el periodismo es, y debe ser, relato de sucesos. Luego se analizan o se interpretan, pero ante todo el periodista debe querer contar la realidad, tal y como la ve. La única obligación del periodista es la honestidad intelectual, y desde ésta, buscar la información, acceder a ella y mostrarla desde su personal subjetividad. Porque en otro caso, tal y como sucede cotidianamente en el ejercicio del periodismo, se terminan confundiendo datos con el plural de anécdota, conjetura, sospecha, o llanamente prejuicio.
Y no deberíamos perder nunca de vista, que ante todo están los datos, luego la interpretación personal de estos. De lo contrario terminan los profesionales del periodismo creyendo que su opinión, su percepción, su punto de vista es más importante aún que los datos, los sucesos, en definitiva: la realidad.

No existe la verdad más que como la suma de todas y cada una de las verdades individuales. Pero sí existe la realidad. Claro que la realidad se relata de acuerdo a la mirada personal, a la subjetividad de cada uno. Eso lo debe tener claro quien consume información y noticias, pero antes lo deberían tener claro quienes se dedican al periodismo. Cuando uno relata un hecho, lo hace desde su punto de vista.
Y esto es lo que dijo, según mi interpretación personal, Reynaldo Sietecase, entre otras cosas teniendo en cuenta su trayectoria profesional, en el ya famoso, breve y fuerte discruso al recibir el Martín Fierro: “Es un momento difícil para hacer periodismo en la Argentina”, dijo, mientras agradecía a familiares, colegas y amigos.
“Me quiero permitir un minutito, porque escuché hablar a mucha gente sobre las preguntas. El periodismo tiene como función esencial preguntar. Ahora, no solo tiene que preguntarle al poder político, yo estoy preocupado por preguntar al poder político, pero también hay que preguntarle al poder económico. Porque a veces tienen el mismo poder”, declaró Sietecase.
“Este laburo no es para serle funcional a los grupos de poder, ni siquiera a los grupos de poder que nos contratan. Ahí está la cosa”, agregó.




Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro cae mi voz, y mi voz que madura, y mi voz quemadura, y mi bosque madura, y mi voz quema dura, como el hielo de vidrio, como el grito de hielo, aquí en el caracol de la oreja el latido de un mar en el que no sé nada, en el que no se nada porque he dejado pies y brazos en la orilla, siento caer fuera de mí la red de mis nervios, mas huye todo como el pez que se da cuenta, hasta ciento en el pulso de mis sienes muda telegrafía a la que nadie responde porque el sueño, y la muerte, nada tienen ya que decirse.
(Xavier Villaurrutia)

No hay comentarios:

Publicar un comentario